Según su inventor, además de aplicaciones bélicas, proporcionaba
enseñanzas filosóficas definitivas:
"González, Alonso José. 21 de marzo de 1809. Cádiz. Se ofrece a la
Junta la construcción de una máquina llamada “Romana Trina”: “(…)
consiste en un caxón lleno de palancas, cuerdas, poleas y resortes,
(…) y que sin ningún apoyo exterior ni ruedas debe moverse este cajón
por si mismo revestido de espadas, sables, hoces, cuchillos etc.
dirigiéndose contra los ejércitos enemigos, en los quales hará un
destrozo incalculable, (…) que su proyecto equivale a muchos millones
de hombres. Pero lo más maravilloso de esta máquina, es que su
composición interior sirve al proyectista para intentar explicar de un
modo, que dice ser el más evidente, el incomprehensible misterio de la
Santísima Trinidad, motivo por el qual la ha dado el nombre de Romana
Trina. Sírvele también su máquina par dar una explicación muy original
de las causas, leyes y efectos de la Gravedad, patentizando la
ignorancia de quantos autores han hablado hasta ora en el asunto”. El
proyecto se desestima por juzgar que su autor “está demente”.
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