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La Realidad de la Masonería Española

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  Sujet:   La Realidad de la Masonería Española  
 De: vice...@hotmail.com ($B"+(BALCOSERI$B"*(B)
 Groupes: es.humanidades.filosofia
 Organisation: http://groups.google.com
 Date: 14. Jan 2008, 20:16:10
Al contrario de lo que sucede en otros países, donde la masonería es
una asociación muy respetada, en España sigue envuelta en el
misterio,
y su mención aún despierta recelos, odio y temor. Y, de hecho, en
pocos lugares ha sido tan perseguida y reprimida como en el
territorio
español.
El 17 de abril de 1728, en la Gran Logia de Inglaterra se recibía una
carta procedente de España, en la que un grupo de ciudadanos
británicos afincados en la península solicitaban la constitución
oficial de una logia en Madrid. Aquella misiva, redactada apenas once
años después del nacimiento de la masonería <<moderna>> en 1717,
convertía a España en el primer país del continente que solicitaba la
creación de una logia regular. Aquella logia, que no recibió la
legitimización hasta un año después, fue bautizada con el nombre de
French Arms -también es mencionada como Las tres flores de Lys nº 50,
nombre del hotel en el que se reunían sus miembros, en la madrileña
calle de San Bernardo-, aunque es más conocida como <<logia
matritense>>.

Su fundador fue el inglés Duque de Wharton, coronel británico al
servicio de la corona española. Wharton, que había sido Gran Maestre
entre 1722 y 1724, y formó parte del primer Club del Fuego del
Infierno, murió el 31 de mayo de 1731, siendo enterrado en el
monasterio de Poblet.


El mismo año que se <<legalizaba>> la logia de Wharton, la Saint John
of
Jerusalem solicitaba su constitución en Gibraltar. Algunos años más
tarde, en 1750, 1755 y 1772, varios grupos de ciudadanos extranjeros
intentaron crear logias o celebraron reuniones masónicas en Madrid,
Barcelona y Cádiz.


Sin embargo, y a pesar del papel <<pionero>> de algunas de estas
logias
radicadas en España, lo cierto es que la presencia de la Fraternidad
fue prácticamente anecdótica -o casi nula- a lo largo del siglo
XVIII,
al contrario que en otras naciones europeas. ¿La causa? Muy sencilla:
la prohibición y persecución dirigida por la Corona y la
Inquisición...


Una fraternidad proscrita
En 1738, el papa Clemente XII condena de forma rotunda a los franc-
maçons o Liberi muratori en su bula In eminenti, con castigo de
excomunión. Poco después, Andrés de Orbe y Larreategui, Inquisidor
general en España, emite el edicto de prohibición sobre la Orden del
Gran Arquitecto. Comienza así un periodo de persecución que se
prolongará -aunque con algunas interrupciones- hasta 1833.


Tras la condena eclesiástica, llegó la de la Corona. Primero con
Fernando VI y su hermano Carlos III, cuyo Real Decreto de 2 de julio
de 1751 convertía a los posibles masones del territorio español en
criminales proscritos. Más tarde, Fernando VII mostró una obsesión
enfermiza, llegando a promulgar catorce decretos contra la Orden. Con
la derogación de la liberal Constitución de Cádiz, el primer Real
Decreto (mayo de 1814) prohibía cualquier tipo de asociación
clandestina, y ese mismo año se restablecía el tribunal de la
Inquisición, para luchar contra <<las sectas anticatólicas
introducidas
durante la guerra de la Independencia>>. Según el historiador Ferrer
Benimelli, fue el periodo antimasónico más duro y prolongado de la
historia de España. En este tiempo hubo dos periodos de <<calma>>,
con
los paréntesis de la invasión napoleónica -cuando aparecen las logias
de militares bonapartistas y de españoles afrancesados- y el Trienio
Constitucional (1820-23).


Tras la muerte de Fernando VII, acaecida en 1833, la persecución
contra la masonería se suaviza un poco y, de hecho, la regente María
Cristina de Borbón amnistió mediante decreto a los masones. Sin
embargo, continúa vigente la condena para todos aquellos que, a
partir
de esa fecha, sigan formando parte de una sociedad secreta. La
<<tregua>>, sin embargo, duró poco, pues la persecución volvió a
endurecerse, manteniéndose hasta 1868. Uno de los sucesos más
destacados de esta época se produjo en 1853, cuando los miembros de
la
logia San Juan de España (Barcelona) fueron detenidos, juzgados y
condenados a penas de cárcel de hasta 7 años, aunque más tarde fueron
indultados por la reina Isabel II.


La revolución de septiembre de 1868 trajo consigo un nuevo panorama
para la masonería española. Las recién adquiridas libertades acabaron
también con las persecuciones para la Orden del Gran Arquitecto, y
las
logias aumentaron en número en muy poco tiempo. Este aumento del
número de logias supuso también la <<alineación>> de cada una de
ellas
en distintas obediencias, provocando cierto caos e incluso
enfrentamientos entre algunas de ellas. En concreto, había cinco
obediencias principales: el Gran Oriente Nacional de España, con
Ramón
Mª Calatrava como Gran Maestre; aquellas logias adscritas al Gran
Oriente Lusitano; el Gran Oriente de España, con Carlos Magnan y
Clark
como Gran Maestre; la Gran Logia Independiente Española y, finalmente
el Gran Capítulo Catalán.


Ya en la época de la Restauración (1875-1896), y hasta la pérdida de
las últimas colonias -desastre del que se culpó, cómo no, a la
masonería española-, las obediencias se multiplicaron aún más, aunque
el catedrático Miguel Morayta logra reunir a buena parte de ellas
dentro del Gran Oriente Español.


También florecieron entonces algunas <<logias de adopción>>, como Las
Hijas de los Pobres (Madrid) o Las Hijas de la Regeneración (Cádiz),
con las que nace la masonería femenina en España. Además, algunas
logias masculinas -siempre de masonería irregular- comienzan también
a
aceptar la presencia de algunas mujeres en los trabajos de las
logias.


masonería y Segunda República
Después de la crisis que supuso la pérdida de Cuba y Filipinas para
la
masonería española -las acusaciones sobre su participación en ambas
independencias hicieron que el número de masones y logias se redujera
drásticamente-, a principios de siglo XX sólo quedaban dos
obediencias: el Grande Oriente Español (GOE) y la Gran Logia Regional
Catalano-Balear. Ésta pasó a denominarse, a partir de 1920, Gran
Logia
Española, aunque el GOE tuvo más importancia.


Especialmente importante fue la presencia de miembros de la masonería
entre los órganos directivos de la Segunda República (1931-39), tal y
como recoge Benimelli en su libro La masonería en el Parlamento
encontramos un importante número de diputados masones. No menos de
120
en la legislatura de 1931 (es decir, algo más de la cuarta parte de
los integrantes de la cámara), 55 en la legislatura de 1933, y más o
menos los mismos en la de 1936>>. Y, entre los partidos políticos, la
presencia masónica fue igualmente notable en varios de ellos:
<<Acción
Republicana, Partido Republicano Radical, Partido Republicano Radical
Socialista, Partido Socialista Obrero Español y, en menor medida, la
Izquierda Republicana de Cataluña y Federación Republicana Gallega>>.


Según este especialista, <<existieron entre el republicanismo y la
masonería conexiones importantes y una colaboración que podrían
apuntar hacia una posible, aunque no directa, utilización de la
masonería por el republicanismo con fines propagandísticos o incluso
electoralistas, aunque es éste un extremo que habrán de confirmar
investigaciones futuras>>.


De la Guerra Civil a la transición
El comienzo de la Guerra Civil dio inicio a una de las etapas más
oscuras en la historia de la masonería española.


Antes del conflicto armado, Franco ya había manifestado tendencias
antimasónicas cuando, en 1935, tras su nombramiento como jefe del
Estado Mayor, destituyó a seis generales por su condición de masones,
tal y recoge el periodista Pepe Rodríguez en su libro masonería al
descubierto -Se sabe que dos hermanos de Franco, Ramón y Nicolás,
habían pertenecido a la Fraternidad y, según algunas versiones no
confirmadas de forma alguna, la fobia del futuro dictador por la
masonería habría nacido después de que le fuera denegada su admisión
en la logia Lukus de Larache, en Marruecos.


Iniciada ya la contienda, la persecución de los masones por parte de
los sublevados fue brutal. Según el historiador Francisco Moreno
Gómez, <<el fusilamiento de masones no esperó a ninguna legislación
al
respecto. De la logia Helmantia de Salamanca fueron fusilados 30
masones. De la Constancia de Zaragoza, otros 30. Del <<triángulo>>
Zurbano de Logroño, 15...>>, y así hasta completar una larga y
siniestra
lista. Algunos estudios recientes cifran en unos 2.500-3.000 los
masones españoles fusilados o asesinados.


Tras la guerra llegó la ley, en 1940, <<para la represión de la
masonería y el comunismo>>, reflejo de la obsesión que Franco
manifestó
durante toda su vida por el célebre contubernio judeo-masónico-
comunista. En función de dicha ley se iniciaron más de 18.000
procesos
y expedientes contra supuestos masones, cuando se estima que antes de
la guerra apenas había unos 6.000 masones. Muchos de estos procesados
murieron también fusilados.


La prohibición de la masonería durante el franquismo tuvo una
llamativa excepción: con el establecimiento de las bases
norteamericanas en territorio español, Franco se vio obligado a
aceptar, muy a su pesar, la presencia de logias de militares en
dichas
instalaciones. En Torrejón de Ardoz, <<levantó columnas>> la logia
Arthur T. Weed nº 59, la Liberty en Morón, Pyrenees nº 77 en
Zaragoza,
etc...
Ya en plena transición, la masonería tuvo que esperar hasta el 3 de
julio de 1979 para ser legalizada, cuando el Tribunal Supremo ordenó
al Ministerio del Interior la inscripción del Grande Oriente Español
en el registro de asociaciones. Hoy, en el siglo XXI, la masonería
española está <<repartida>> en dos corrientes principales: por un
lado,
una tendencia de corte anglosajón, más conservadora, dogmática y
<<regular>>, representada por la Gran Logia de España; por otro, la
tendencia liberal y adogmática, encabezada por la Gran Logia
Simbólica
Española.


Presidentes masones
A lo largo de la historia de España, cinco masones han ocupado el
cargo de jefe de gobierno: Juan Prim, Sagasta, Manuel Ruiz Zorrilla,
Manuel Azaña y Diego Martínez Barrio. Todos ellos jugaron papeles
importantes en momentos de gran relevancia para el país: Prim,
Sagasta
y Zorrilla en la Revolución de 1868, y Martínez Barrio y Azaña
durante
la Segunda República. Pero además, Zorrilla y Sagasta fueron Grandes
Maestres del Grande Oriente de España, y Martínez Barrio del Gran
Oriente de España, tal y como explica Benimelli en uno de sus
trabajos.


Recientemente, ciertos medios de comunicación y algunos autores
antimasónicos han sugerido la pertenencia del presidente Rodríguez
Zapatero a una logia masónica. El historiador Ricardo de la Cierva,
por ejemplo, aseguró en una entrevista a la revista Alba: <<Zapatero
es
masón, y también algunos de sus ministros>>. Una afirmación semejante
habría hecho también el masón norteamericano Ortiz Burbano de Lara,
Venerable Maestro de la Logia Simbólica La Fraternidad 387 de Nueva
York. Además, en el coloquio La masonería ayer y hoy, organizado por
editorial Edaf, un relevante personaje de la cultura comentó a los
masones Ilia Galán, Carlos Mendoza y Gustavo Vidal que Zapatero
alcanzó el grado de compañero en una logia de Toulouse.


http://groups.msn.com/SECRETOMASONICO/_whatsnew.msnw


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